Se desplaza a pequeños saltos.
En caso de alerta, el conejo se levanta sobre sus patas traseras
(consigue una visión de 360º), con las orejas erguidas,
preparado para la huida.
El hecho de que se coman sus propios excrementos durante
la noche se interpreta como una actividad rentable para su
propia economía, ya que así puede aprovechar
las sustancias producidas por las bacterias de su intestino.
Se alimenta de plantas de todas clases, preferentemente sus
yemas, hojas, cortezas, frutos y bayas silvestres, que son
consumidos con avidez, así como de hongos. En ocasiones
ingiere materia animal como dieta suplementaria.
Descripción
El conejo de campo tiene un pelaje
espeso y lanudo, pardo pálido a gris sobre el dorso y
blanquecino en su vientre. Su cabeza es redonda y sus ojos grandes
y marrones. Se caracteriza sobre todo por sus largas orejas,
de hasta 7 cm (más cortas que las de la liebre común).
Su cola es muy corta y carece de una mancha negra en el dorso
que sí posee la liebre, y cuyo color blanco se distingue
fácilmente cuando el conejo huye. Las patas anteriores
son más cortas que las posteriores. No presenta dimorfismo
sexual.
Una manera fácil de distinguir al conejo de la liebre,
aparte de su menor tamaño, es plegando las orejas hacia
delante: en el caso del conejo no sobrepasan el borde del
hocico.
Mide de 33 a 40 cm entre la cabeza y el cuerpo, y tiene
una cola de 4 a 6 cm. Su peso es de 1,5 kg aproximadamente.
Habitat
Vive en praderas secas, linderos
de bosques, parques, etc. En montañas llega a vivir
hasta los 1.500 m de altura, aunque es más bien una
especie típica del monte y matorral mediterráneo,
sobre todo el encinar y el coscojar. Es muy adaptable, aunque
evita los grandes bosques. Requiere un suelo donde pueda excavar.
Está distribuido por toda la Península Ibérica
y las Baleares.