Es una de las aves más escasas
del mundo, de la que tan sólo quedan 150 parejas, todas
en España. En Portugal no se conoce su nidificación
desde la década de los setenta, así que los esfuerzos
conservacionistas se centran en España.
Desde 1986, el Ministerio de Medio Ambiente y las comunidades
autónomas donde habita la especie desarrollan el Plan
Coordinado de Actuaciones para la Conservación del
Águila Imperial Ibérica, y la Comisión
Europea ha destinado una subvención LIFE para evitar
su extinción. Sin embargo, con este trabajo y con este
apoyo no se ha conseguido aún que la situación
cambie a mejor.
Un reciente estudio de la Estación Biológica
de Doñana (EBD), en el que por primera vez se secuenció
el ADN mitocondrial de esta rapaz, reflejó una bajísima
variabilidad genética, pues tan sólo se detectaron
dos hembras distintas de las demás en toda su población.
Los resultados de esta investigación han vuelto a poner
de manifiesto que es necesaria una verdadera voluntad a la
hora de conservar esta especie y que urge la aplicación
de planes efectivos de recuperación.
Descripción
Es de color marrón oscuro,
y en los adultos se vuelven blancas las plumas de sus hombros,
mientras que las de su cabeza y cuello adquieren un tono amarillento
y blanco cremoso. Su pico es robusto y su cola larga, de extremo
recto. Emite un sonido que recuerda al de los cuervos: goc-goc-goc.
Habitat
Su dieta se basa en el conejo. Cuando
éste escasea lo sustituye por liebres, palomas torcaces,
córvidos, reptiles como el lagarto ocelado y, en el caso
de las águilas imperiales que habitan en zonas húmedas
de Doñana, por numerosas aves acuáticas, principalmente
anátidas, fochas, ardeidas y limícolas.
A comienzos de año, las imperiales realizan sus vuelos
de celo, y a principios de marzo suelen efectuar la puesta,
generalmente de dos huevos. Entre los pollos hermanos es posible
el cainismo, un fenómeno que puede ocasionar la muerte
del ejemplar más joven. Los que sobreviven, más
del 80%, abandonan el nido a los 65-78 días de edad
y permanecen en la zona de 3 a 6 semanas, hasta que se independizan.
Su principal causa de mortalidad es el uso de venenos para
control de predadores. El trasiego de gente en las cercanías
de los nidos durante el periodo de incubación provoca
un bajo éxito reproductor. Otras amenazas son la alteración
de su hábitat, el acusado descenso de las poblaciones
de conejo, los tendidos eléctricos y aerogeneradores,
y la contaminación por sustancias químicas de
origen agrícola.