Las purificas con sus trajes regionales entran en el templo
cantando unas estrofas al son de la pandereta, que conmemora
la purificación de la Virgen cuando presentó
al niño en el templo, siendo recibida por el sabio
Simeón.
Al día siguiente (San Blas) se reúnen para
hacer y degustar los famosos caramelos de San Blas de azúcar
y cacahuetes troceados.