En el amanecer del
día 20 y día de San Sebastián, tiene
lugar la "Alborá". El tamborilero va despertando
a los que se disfrazarán de Carantoñas: Tiene
la misión de despertar al pueblo para ir a tomar las
migas con café que han sido preparadas por los mayordomos.
Más tarde,
mientras los mayordomos proceden a "regar el romero",
recogido el día antes, los mozos que se disfrazan de
Carantoñas van a vestirse. Los amigos van a ayudar
a vestir a la Carantoña, ya que debido a la peculiaridad
de la vestimenta, una persona no podría disfrazarse
sola.
Las Carantoñas son siempre hombres, no se conoce
ningún caso en que se haya disfrazado una mujer. El
motivo de disfrazarse es, generalmente, una promesa hecha
al Santo, por un año o varios.
Los "Tiraores" son los jóvenes del pueblo,
que armados con escopetas de cartuchos, esperan al Santo a
la salida de la iglesia y luego, por cada una de las bocacalles
y esquinas por donde ha de pasar la procesión, disparando
al unísono, a modo de salvas, sus escopetas.
Las "regaoras" o "patanas" son las mozas
del pueblo ataviadas con el traje típico del lugar,
denominado de "bayeta". Su función es escoltar
la imagen durante la procesión, regándolo todo
de confites y confeti.
Durante la misa, las Carantoñas permanecen fuera de
la iglesia, ya que no les está permitido entrar "porque
son máscaras".
El tamborilero pone sonido a la fiesta
Una vez finalizada la misa, empieza la procesión. Cuando
el Santo aparece en la puerta de la iglesia, los tiraores,
dispuestos a ambos lados de la misma, disparan sus escopetas
entre el griterío y los vivas a San Sebastián,
acompañado siempre por la música del tamborilero.
El aspecto de las
Carantoñas es tremendo, y actúan siempre de
dos en dos, haciendo una reverencia al Santo durante la procesión
por las calles de Acebuche. Terminado el recorrido, las Carantoñas
reparten y tiran entre el resto de la población unas
gachas, hasta que finalmente son dispersadas por la presencia
de un elemento común en muchas fiestas de la zona:
la "Vacatora".
La "Vacatora" es una carantoña con cornamenta
sobre unas parihuelas y tapada con una manta, que deja asomar
unos largos cuernos de vaca y lleva colgando un descomunal
cencerro. Su misión es dar por finalizada la fiesta,
asustando a las Carantoñas y dispersándolas,
entre carreras y revolcones, jolgorio éste, en el que
participan todos los presentes.
Como colofón, todos se dirigen a casa de los mayordomos
"al convite", consistente en dulces y vino de la
zona.
El día 21 de enero es San Sebastián "chico"
y la fiesta se repite.
Actualmente, este festejo está despojado de una serie
de elementos que podían "ofender la moral y las
buenas costumbres", y por estimarlo así el obispo
de Coria, a instancias del párroco.
En el siglo XIX todavía una de las Carantoñas
simulada mantener relaciones sexuales con una mujer (el galán
y la madama) y fruto de ella nacía al poco tiempo una
carantoña que era alimentada por las restantes con
las gachas citadas.
Más adelante, la madama era interpretada por otra
carantoña, hasta que finalmente ha desaparecido. La
fiesta está cargada de símbolos de muy diverso
tipo, pero la pérdida del código de lectura
dificulta cualquier interpretación.