Existen datos históricos
que hacen suponer que el primer Gran Duque de Alba, Don Fernando
Álvarez de Toledo, fuera el que mandara edificar el
castillo en el siglo XV, situándolo como una punta
de lanza en la muralla, sobre las ruinas, probablemente, del
viejo Alcázar Agareno o algún otro baluarte
moro de análogo estilo defensivo, al objeto de dominar
al máximo el terreno exterior a la Villa.
Remontándonos un poco atrás en
el tiempo, la Villa de Granada fue entregada al Conde de Alba
de Tormes en el año 1444 por el rey Juan II. Posteriormente,
en el año 1460, el rey Enrique IV escribiría
al Conde anulando su anterior orden de demoler la cerca que
en anterior carta había decretado. Seguramente se refería
a la vieja muralla árabe que rodeaba toda la Villa
y que hoy, afortunadamente, puede verse en toda su integridad.
La documentación de esta notable fortaleza
ya aparece hacia el año 1473, en el que constan escritos
sobre ordenanzas para la Villa de Granada firmados por el
Duque de Alba D. García Álvarez de Toledo. En
otros escritos posteriores consta como encargado de las obras
Juan Salado, y en sus demás trabajos es citado con
tareas ajenas a la arquitectura, e incluso como regidor. De
estas obras de Granada se documentan pagos al mencionado Juan
Salado hasta el año 1478. ¿Se los haría
ya el ya Duque de Alba don Fernando Álvarez de Toledo?.
Es de suponer que sí porque curiosamente se le abonan
también importantes cantidades para las "obras
de Altamyra", sin precisar el tipo de edificio del que
se trata. ¿Será el lugar de Altamira cercano
a Mohedas? ¿O tal vez Abadía, o quizá
Segura de Toro tan altamente situado, obras ya bajo el poderoso
influjo renacentista del Gran Duque?.
En la actualidad el torreón se halla
cubierto con una estructura de vigas de hierro tipo "voigt",
que recrea la cubierta primitiva de madera a cuatro aguas,
sustentado por cuatro pilares de hierro situados en los cuatro
vértices del paseo superior de ronda, reconstruido
en su totalidad con un cinturón de hormigón
armado. Así, no solamente se protege la edificación
de la lluvia, bastante deteriorada a lo largo de los años
que sufrió abandono, sino que recupera el espacio original
de una gran sala de usos múltiples. No es extraño,
por este motivo, que sirviera de patio de armas en la defensa
del torreón durante los siglos XV y XVI, o de primitiva
cárcel como lo fue en el último tercio del siglo
XIX.
No se ha podido precisar cual fue el autor de
tan singular traza y magnífica obra, que acusa características
de inequívoca influencia italiana, según el
gusto del mencionado Duque de Alba. Por los únicos
datos existentes hasta ahora, parece cierto que los artífices
de la obra fueron el maestro en diversas funciones Juan Carrera,
el especialista en aljibes De Troya, y el perito en cavas
y fosos Tomás Bretón.