El padre Talavera, historiador
guadalupense, fue una de las personas que mejor ha definido
estas comarcas, decía en 1 597, al describir las Villuercas-Ibores:
pasando en silencio gran multitud de otros árboles y
plantas y algunas plantas de menor cuenta, que la vecindad del
agua produce y engendra, con otros mil géneros de yerbas
medicinales, y odoríferas flores, que adornan y enriquecen
el suelo...
Desde tiempos inmemoriales, aprovechando antes una materia
tan noble y autóctona como el corcho, y más
tarde con las colmenas movilistas, hubo en esta comarca colmeneros
y apicultores que cuidaron con mimo y tesón el trabajo
de las abejas y supieron sacarle en tiempo y forma adecuados,
el rico néctar y mielatos recogidos por ellas para
su alimentación y supervivencia.
La flora de las Villuercas y del valle del río Ibor
es rica y conocida desde hace siglos, cantada por cuantos
viajeros se acercaron hasta Guadalupe y mantenida gracias
a la pluviometría y clima favorables y a la continuada
acción del hombre del campo, conservador nato de una
naturaleza equilibrada y sana.
La miel Villuercas Ibores responde plenamente a sus orígenes.
No se mueven las colmenas en busca de plantas cultivadas en
otras áreas. Quizá el rendimiento sea menor,
pero de mayor calidad; a unos néctares que van desde
el humilde chupamieles de los prados, hasta el altivo brezo
y quirola de los más altos picos serranos, sin olvidar
la mela de encinas, robles y alcornoques que pueblan los terrenos
adehesados.
En cuanto a las Comarcas de las Villuercas y los Ibores,
los primeros datos referentes a la implantación de
la apicultura en la zona, es la repoblación que se
realizó en 1086, reinando Alfonso VI, con gente del
área de Talavera de la Reina, que se asentaron aquí
para aprovechar con ganado y "colocar posadas de colmenas'
en aquellas zonas que los sarracenos hubieron de abandonar
en retirada.
En España actualmente, se cuenta sólo con tres
denominaciones de origen que certifican la calidad de la miel.
Una de ellas es precisamente, la Denominación de Origen
Miel Villuercas Ibores.
La
Comarca
En esta zona los apicultores
llevan muchos siglos aprovechándose de la flora autóctona,
sin ejercer la trashumancia. Esta larga tradición y experiencia
apícola se inició en colmenas rústicas,
de corcho y tronco seco de roble o castaño, adaptado
por el mismo apicultor a sus exigencias hasta que se conocieron
otros métodos más modernos.
La comarca presenta un variado paisaje, con abundante vegetación
que varia desde espesos y frondosos bosques de castaños
y perfumadas matas, robles, encinas y alcornoques, hasta matorral
en las zonas de suelo pobre y pizarroso, con abundantes corrientes
de agua. De accidentada topografía, la comarca se configura
con la existencia de fuertes pendientes alternando en pocas
ocasiones con terreno llano, todos los municipios se sitúan
por encima de 105 350 metros de altitud.
La orografía, la climatología, el tipo de suelo,
la unidad cultural y sobretodo, un agua y una flora que no
se conjuntan y equilibran en cualquier otro lugar, permiten
observar una continuidad y homogeneidad clara en toda la zona
protegida por la Denominación de Origen Villuercas
Ibores; zona perfectamente delimitada del resto de zonas melíferas
circundantes.
La
Miel
La miel la producen las abejas
melíferas a partir del néctar de las flores o
de las secreciones procedentes de las partes vivas de las plantas
o que se encuentran sobre ellas, que las abejas liban, transforman,
combinan con sustancias propias y almacenan y dejan madurar
en los panales de la colmena.
La miel con Denominación de Origen Villuercas Ibores
procede exclusivamente de las colmenas censadas en el Registro
de Explotaciones de la Denominación de Origen, no pudiéndose
desplazar fuera del ámbito geográfico delimitado
por el Consejo Regulador.
Los análisis melitopalinológicos realizados
a petición del Consejo Regulador, evidencian que las
mieles de Villuercas Ibores, proceden del alcornoque, argamulas,
brezos, cantuesos, carquesas, castaños, encinas, espino
albar; gamones, jaguarzo, jaras, querihuelas, quirolas, lentiscos,
madroños, melera, olivillo, orégano, retamas,
robles, sauces, torviscas, zarzamoras y otras plantas espontáneas
y cultivadas en esta tierra. Todas ellas visitadas en sus
diversas épocas de floración por las abejas,
dan a estas mieles los sabores, aromas y colores que distinguen
este sano y dulce producto.
Las características de la miel varían en aroma
y sabor según los parajes donde ésta se recolecta.
Dos son los tipos de mieles que se producen en la zona, monofloral
y multifloral, que se envasan bajo la contra etiqueta de la
Denominación de Origen.
La miel monofloral de retama es una miel de color ámbar
oscuro con tonos rojizos, de aroma suave, dulce, agradable
y penetrante y un olor específico y muy aromático.
La miel de bosque, castaño, roble y encina son mieles
de color rojizo oscuro, llegando al negro con reflejos verdosos,
son mieles aromáticas y con un ligero toque amargo.
La miel multifloral, también conocida como "mil
flores" crucíferas, leguminosas, borragináceas,
umbelíferas, etc. posee un olor floral de intensidad
variada. Su sabor es floral y de persistencia variable y color
ámbar del claro al oscuro.
Del
Nectar a la Miel
Las abejas buscan y recolectan
sobre las plantas las materias primas necesarias para la supervivencia
del enjambre y para la reproducción de la especie. El
polen y el néctar son dos alimentos necesarios, y los
dos únicos que ellas llevan a los enjambres.
En las colmenas de abejas, hay obreras, zánganos y
una abeja reina. Las abejas trabajadoras son las que abandonan
la colmena para recolectar el néctar.
A partir de la succión del néctar de las flores,
las abejas eliminan el agua y transforman los azúcares
en miel. Esta es recolectada en junio cuando acaba el período
de floración. Sin ningún otro tipo de transformación,
la miel es recolectada y depositada en bidones y posteriormente
envasada de forma artesanal. Una vez en la fábrica,
los apicultores clasifican la miel según su color y
sabor.
La miel de los bidones se licua para así poder filtraría,
tras lo cual pasará por un estricto control de calidad.
Posteriormente es envasada en tarros de cristal, volviéndose
a controlar su calidad.
Una vez libado, la abeja almacena el néctar en el
estómago. Situadas en la cabeza y el tórax posee
unas glándulas que son vitales para la transformación
del néctar en miel. Estas glándulas segregan
enzimas y aminoácidos que se añaden al néctar
antes de entrar en el estómago. Dichas enzimas son
las encargadas de transformar la sacarosa, contenida en la
miel, en glucosa y fructosa, incluyendo además pequeñas
cantidades de sacarosa, maltosa, enzimas, ácidos orgánicos,
minerales, aminoácidos, pigmentos, proteínas
y partículas ácidas.
Más tarde, ya en la colmena, el exceso de agua se
evapora al entrar en contacto con el aire. En este momento
también hay cambios químicos llegándose
a una concentración de azúcares elevada. Para
acelerar este proceso, las abejas aspiran y regurgitan sin
cesar el néctar durante un tiempo, y lo ventilan hasta
que finalmente sellan la celda. Cuanto más largo sea
el proceso más contenido biológico y menos humedad
tendrá la miel.
El azúcar representa el 80% de los componentes totales
de la miel; la principal es la sacarosa, la cual se hidroliza
y combina para dar un amplio espectro de azúcares,
en especial fructosa y glucosa, lo que convierte a la miel
en una buena fuente de energía, rápidamente
aprovechable, ya que son azúcares que se absorben directamente
por el organismo. La media de agua contenida en la miel es
de un 1 6,5%. Debido a su alta concentración en azúcares,
la miel tiene gran tendencia a captar agua.
El resto de los componentes de la miel son: Proteínas,
aunque en baja cantidad. Sales minerales, cuya proporción
varía según el origen floral y geográfico
de la miel (cuanto más oscura mayor contenido). Vitaminas
B y C; y en mayor cantidad vitaminas A, D y K. Aromas, que
son sustancias volátiles con características
químicas muy variables, y que están en muy poca
cantidad. Y por último, ácidos orgánicos,
que dan el carácter ácido a la miel y le confieren
parte de las propiedades antisépticas que tiene. La
miel posee igualmente inhibina, un factor antibiótico
que inhibe el crecimiento de las bacterias.
El
Atractivo Ultravioleta
Las abejas son ciegas para
eL color rojo y, sin embargo, perciben con toda claridad Los
colores ultravioletas, invisibles para nosotros. Ven eL mundo
que Les rodea en color, pero de una forma muy diferente.
Muchas flores reflejan estos colores ultravioletas, creando
toda una gama de combinaciones de color y de pautas distintas
a Las que nosotros vemos. Estas marcas y nuevos colores, ayudan
a Las abejas a encontrar Las recompensas alimenticias que
Las flores Les ofrecen. La gama de color que perciben se extiende
desde el ultravioleta hasta el amarillo-anaranjado mostrando
picos de sensibilidad para el ultravioleta, azul y verde.
Nosotros no vemos La banda ultravioleta, pero percibimos toda
La banda roja; sin embargo, Las abejas muy sensibles al ultravioleta
son ciegas para eL rojo.
Las flores funcionan como verdaderos anuncios para advertir
La presencia de una recompensa. Las abejas son atraídas
por flores que a nuestros ojos son azules y amarillas. En
eL diseño de La corola de una flor son muy importantes
Las marcas de contraste que guían a Los insectos hacia
donde se encuentra el néctar. El color de estos anuncios
o marcas contrasta con el color floral de fondo, Lo que ayuda
a Las abejas a encontrar el camino correcto. De las flores
polinizadas por Las abejas, muchas de eLLas muestran marcas
claramente visibles por el ojo humano, otras solamente son
percibidas por estos insectos.