Bajo una sola Denominación
de Origen, Ribera del Guadiana ampara seis subzonas. A estas
subzonas, no se trata de imponer un criterio de homogeneidad,
sino exigir que se alcance un adecuado nivel de calidad, manteniendo
las peculiaridades de cada zona, pero conectadas todas ellas
por vínculos vitícolas, variedades, formas de
cultivo, elaboración, crianza, etc.
La Denominación fue constituida el 5 de agosto de
1996 y aprobado su Reglamento el 17 de marzo de 1 997 por
la entonces Consejería de Agricultura y Comercio de
la Junta de Extremadura y ratificado por el Ministerio de
Agricultura, Pesca y Alimentación el 16 de abril de
1999. Actualmente, la zona de producción abarca 1.666.000
ha. de las cuales 14.500 ha. están inscritas en la
Denominación.
El cultivo de la vid se remonta según los testimonios
más antiguos a más de 6.000 años a.C.
muy posiblemente en la fértil Mesopotamia.
Aunque donde más indicios existen es en toda la cuenca
mediterránea, en la que el cultivo de la vid forma
parte del acervo cultural de todos los pueblos ribereños.
El mosaico de Augusta Emérita, del siglo III, hallado
en la Casa del Anfiteatro, muestra en su parte central tres
personas pisando uva entre zarcillos de vid.
Durante el Imperio Romano el cultivo de la vid y la producción
de vino consiguen un desarrollo importante. A Roma llegaban
vinos de todas las provincias del Imperio, y en Roma se forman
los primeros profesionales enólogos y catadores. No
es de extrañar por tanto, que en las cercanías
de Emérita Augusta, se desarrollase el cultivo. Las
invasiones visigodas y sobre todo la conversión de
la población a la religión cristiana realza
el prestigio del vino al convertirlo en uno de los elementos
esenciales del sacrificio de la misma.
En la Edad Media, existían ya disposiciones para regular
la plantación de viñas, protección, cercado,
época de recolección, transformación
del vino y venta.
Documentos encontrados en el Monasterio de Guadalupe, describen
incluso una extensa catalogación de vinos realizados
allí: vino tinto de los frailes, vino tinto para raciones,
vino claro, vino blanco de comunidad, vino de compaña
y vinagre.
La expansión del viñedo extremeño es
relativamente importante desde principios del siglo XVI, y
parece que mantuvo una tendencia alcista hasta mediados del
siglo XVII, proceso favorecido por el aumento de la demanda
y consiguientemente del precio del vino.
Durante los siglos XIX y XX el viñedo se desarrolla
con importancia en Extremadura, fundamentalmente en la Comarca
de Tierra de Barros, dando lugar a una zona vitivinícola
de primer orden en el panorama español, llegando a
47.450 Has. de cultivo, acompañadas de una red de bodegas,
en la actualidad modernizadas acorde a los principios de la
enología moderna. En los últimos años
el esfuerzo inversor del sector ha sido gigantesco, sustituyendo
los sistemas de prensado, instalando frío para el control
de la fermentación, y construyendo bodegas para el
envejecimiento. En la década de los 80, tiene lugar
una revolución importante en este sector. Desaparecen
pequeñas bodegas y se reagrupan viticultores y elaboradores
en grandes bodegas y sociedades agrarias y cooperativas.
La
Denominación de Origen
La aprobación del
reglamento vino precedida de un período de varios años
en el que los vinos extremeños estuvieron acogidos
a la denominación de "Vino de la Tierra".
Durante este tiempo tanto los viticultores como las bodegas
llevaron a cabo un proceso de adaptación paulatino
a las exigencias que en estos momentos tiene la Denominación
de Origen.
La Denominación regula todos los factores que influyen
en la calidad del vino para asegurar al consumidor las características
diferenciales que espera encontrar en los vinos acogidos a
la misma.
Elaboración
y Crianza
El rendimiento máximo
permitido, es de 70 litros de mosto por cada 1 00 kilos de uva.
Al mismo tiempo se prohiben prácticas como el prensado
con prensas “continuas”, el calentamiento y el centrifugado
a alta velocidad.
Para cada campaña se establecen las condiciones organolépticas
y analíticas que han de reunir los vinos para poder
estar acogidos a la Denominación. También, se
realiza un seguimiento de los vinos destinados a crianza y
envejecimiento, para contrastar el mantenimiento de las características
analíticas y organolépticas a lo largo de todo
el proceso.
El Consejo Regulador posee un equipo técnico que realiza
las labores de gestión, control y vigilancia de las
zonas de producción; bodegas y plantas embotelladoras
y en general todo lo relacionado con la uva y el vino de cada
subzona. Un Comité de Cata, constituido por un conjunto
de catadores de prestigio, realiza análisis organolépticos,
mediante cata ciega, de los vinos elaborados en las bodegas
inscritas, e informa sobre su aptitud o inaptitud para ser
reconocidos como vinos de derecho a la Denominación
de Origen Ribera del Guadiana.
Cata
de Vinos
La calidad de un vino la
da la armonía entre diferentes sabores que posee. Sabores
que como los de cualquier otro alimento, son debidos a la
disolución de determinados elementos en la saliva.
En el vino hay todos los tipos de sabores diferentes y posibles;
es decir, sólo cuatro, aunque las combinaciones entre
ellos pueden ser infinitas: dulce, ácido, salado y
amargo. En el vino existen también sustancias que son
importantes por su olor, aunque sea a través de la
boca (vía retronasal), de ahí que parezca que
los alimentos no saben igual cuando se está resfriado.
Los aromas pueden resumirse en: aromas primarios de la uva
(carácter afrutado), aromas secundarios de la fermentación
y bouquet, debidos al envejecimiento de los vinos. En la cata
de un vino influyen todos los sentidos.
Oído: ahilado, o sonido del vino al caer.
Vista: color, limpidez y fluidez del líquido.
Olfato: limpieza, finura, intensidad y armonía.
Gusto: cuerpo, intensidad, persistencia y sensación
final.
Y tacto, el que nos hace sentir el vino en la boca.