Aunque la única referencia
conocida sobre la presencia del olivo en la antigüedad
en esta zona sea la de Apiano, historiador griego, que describe
en el siglo II los olivares del Sistema Central al norte del
río Tajo. Es probable que ya en la época romana,
existiera un cultivo extensivo en la zona amparada.
Prospecciones en la parte occidental de la comarca han constatado
la presencia de piezas relacionadas con el proceso de prensado
del aceite en yacimientos de época romana.
Todos los olivos de una variedad proceden de un mismo árbol,
que era, hipotéticamente, el resultado de un injerto
de otra variedad en el acebuche autóctono. La presencia
de una variedad única en la zona amparada por la denominación
es el indicador indiscutible de su unidad cultural en torno
al olivar.
Los judíos estuvieron presentes en toda la zona. El
olivo formaba parle de la riqueza de la tierra junto con la
higuera y la vid. Antes de su expulsión de la península,
difundieron la variedad y su forma peculiar de cultivo por
estas comarcas de sierra. La presencia de ejemplares de olivos
centenarios de manzanilla cacereña sitúa la
definición de la variedad antes del siglo XVI.
A principios del siglo XX, la zona tenía una marcada
vocación aceitera tanto en su cultivo como en la industria
y la comercialización siendo la comarca más
conocida exteriormente por sus aceites, tal vez por los premios
internacionales recibidos. Una de las almazaras, situada en
Villamiel, fue premiada con medalla de plata en la exposición
de París en el año 1 900.
En Hurdes, el olivar ha sido y sigue siendo el cultivo principal,
con una antigüedad similar a la zona de Gata. La producción
de aceite de oliva se ha mantenido a escala familiar hasta
hace unas décadas, debido a las especiales características
geográficas y socioeconómicas de esta comarca.
El aceite obtenido en pequeñas almazaras rudimentarias
se utilizaba como elemento de trueque para obtener otros alimentos
básicos.
La zona de cultivo es la más septentrional de las
del interior de la península ibérica, formando
un conjunto con relativa importancia productiva que abastecía
a las vecinas regiones de la mitad norte en una época
en que los transportes de mercaderías tenían
serias limitaciones y existía escasez de materias grasas
de origen vegetal para la alimentación humana.
La manzanilla cacereña es la única variedad
utilizada para los aceites protegidos por la Denominación
de Origen Gata-Hurdes. Esta variedad es una de las veinticuatro
variedades principales de España donde su área
de cultivo ocupa 64.000 ha. Distribuidas en Cáceres,
Badajoz, Salamanca, Ávila y Madrid. La zona amparada
con la denominación supone un 47% del total nacional.
También se encuentra difundida en Portugal, en las
regiones de Alentejo y Beira Interior.
El árbol de esta variedad es de vigor medio, porte
abierto y densidad de copa media, de muy fácil enraizamiento
y gran adaptación a suelos pobres y zonas frías.
La hoja es igualmente de tamaño medio, plana y de forma
elíptico-lanceolada.
El fruto es de color negro en la maduración, de tamaño
medio a grande, con forma esférica y ligeramente asimétrica.
Destaca su elevada relación pulpa / hueso.
Su época de floración es temprana, y la maduración
de los frutos es precoz e irregular, presentando baja resistencia
al desprendimiento, lo que facilita su recolección.
La productividad es elevada y constante en condiciones normales
de cultivo, aunque el contenido en aceite es bajo, aproximadamente
un 15% sobre materia húmeda, situando el rendimiento
industria entre un 10% y 12%.
Medio
Natural
El relieve de la zona amparada
en la denominación es típicamente de sierra,
muy accidentado y con cotas que van desde los 2.000 metros
hasta los 400; una zona muy erosionada por los ríos,
afluentes del Tajo. El cultivo del olivar se desarrolla desde
las cotas más bajas hasta los 800 m. aproximadamente.
Prácticamente toda la zona de la Denominación
Gata-Hurdes pertenece a la cuenca del Tajo. La red fluvial
principal está formada por los ríos Tietar,
Eljas y Alagón.
La plantación típica o tradicional en toda
la zona es de alta o muy alta densidad, superando habitualmente
los 250 olivos por hectárea. El marco suele ser irregular
en las plantaciones más antiguas, en ocasiones por
haber seguido las curvas de nivel.
También es tradicional el cultivo en bancales en zonas
de pendientes más elevadas, siendo así, muy
difícil la mecanización.
Cultivo
El cultivo del olivar en
la zona protegida se caracteriza por una evolución
lenta de las técnicas utilizadas. Podemos encontrar,
aisladamente, plantaciones que se laborean con caballerías,
abonan con estiércoles y tienen una poda libre con
gran tamaño de los árboles, a pesar de los estrechos
marcos de plantación, tal y como se realizaba en la
antigüedad. Otra peculiaridad es la gran aceptación
de las formas de cultivo ecológicas, que se aplican
en un alto porcentaje de las explotaciones, muy por encima
de la media regional y nacional.
Las explotaciones actualizadas realizan de una a tres labores
cruzadas al año, con tractor y cultivador, normalmente
en primavera y principios de verano. Cuando la cosecha es
abundante, se da un pase de rastra para alisar el suelo del
olivar, que suele pasar el invierno con cubierta vegetal espontánea
y abundante. El empleo de herbicidas para combatir esta cubierta
es muy puntual y no está generalizado.
En la poda, se ha evolucionado de formas totalmente libres,
a árboles bajos adaptados a la recolección manual.
En algunas zonas se practica un tipo de poda, la "monda",
que rebaja la densidad de las copas y como resultado se obtienen
frutos de mayor tamaño.
La recolección se inicia a principios o mediados de
septiembre para la aceituna de mesa, y concluye en diciembre
o enero, con la de almazara. Para la obtención de aceites
de calidad con certificación de origen y calidad, la
aceituna ha de recogerse directamente del árbol en
la época que se determine por los técnicos de
la denominación y que puede variar de un año
a otro en función de la climatología.
Aspectos
Gastronómicos
Hoy en día el aceite
de oliva forma parte de un cierto "arte de vivir".
Su consumo como el de otros productos redescubiertos por la
época moderna, se ha convertido en uno de tos signos
de la cocina de calidad.
Da sabor, aroma y color y modifica tas texturas. Integra
los alimentos y personaliza e identifica un plato. Et rendimiento
del aceite de oliva es mayor que et de otras grasas vegetales
tanto en frío como en caliente.
En frío, aderezando ensaladas, verduras, pescados,
etc., puede utilizarse en menor cantidad puesto que su sabor
y aroma son más intensos.
El aceite de oliva caliente aumenta su volumen, necesitando
así menos cantidad para cocinar o para freír.
En crudo, para aliñar es excelente. Los aceites de
oliva con un sabor frutado medio darán más personalidad
a tas ensatadas y otros platos regionales. Para potenciar
el sabor de los fritos, darán resultado Los aceites
de oliva con un sabor frutado más intenso e incluso
con un matiz amargo.
El aceite de oliva es un producto "vivo". Para
conservar su frescor e integridad hay que mantenerlo alejado
del calor, del aire, de la humedad y sobre todo de la luz.
No se debe mezclar aceite de oliva con otros aceites vegetales
ni grasas.