El Valle del Jerte
es un enclave inigualable de clima ideal, agua abundante y cristalina,
amplios recursos naturales y esmero en el trabajo. Estos son
algunos de los factores que hacen posible la producción
de variedades de cereza con maduración escalonada y calidades
excepciona les.
En toda la cultura mediterránea, tanto de egipcios,
como de romanos, era conocido el cerezo, considerando a estos
últimos como el pueblo que introdujo el cultivo de
este árbol en Extremadura. Sin embargo, parece que
fueron los árabes quienes propagaron el cultivo del
cerezo por la península.
En Extremadura la antigüedad del cerezo se remonta a
tiempos medievales. Es en el siglo XVIII cuando el cerezo
incrementa su cultivo, y en el XIX empieza a alcanzar en la
comarca del Jerte su mayor importancia, imponiéndose
como árbol frutal por excelencia.
Además, las diferencias de altitud y orientación
de nuestros pueblos, unido a las características agro
climáticas y orográficas del valle, permiten
un amplio calendario de recogida, desde variedades muy tempranas
hasta muy tardías, de frutos exquisitos y apreciados.
El cultivo se asienta en pequeñas fincas abancaladas,
situadas en laderas. Las explotaciones, generalmente de pequeña
dimensión, tienen una extensión media de unas
1,6 Has. de media, generalmente divididas en varios trozos
o parcelas.
La estructura de la propiedad y las condiciones impuestas
por la difícil topografía, configuran un paisaje
ajardinado de pequeños bancales, a veces diminutos,
sostenidos por paredes de piedra que obligan a unas condiciones
de laboreo en las que queda siempre excluida la mecanización.
El Valle del Jerte está orientado desde el noreste
al suroeste, por el río que le da su nombre, estando
los once municipios que constituyen la Comarca del Jerte,
en ambos márgenes del mismo. Estos municipios son:
Tornavacas, Jerte, Cabezuela, Navaconcejo, Rebollar, El Torno,
Valdastillas, Cabrero, Casas del Castañar, Piornal
y Barrado.
Descripción
del Producto
La Denominación de Origen
Cereza del Jerte ampara bajo su garantía exclusivamente
cerezas frescas para mesa originarias de la demarcación
geográfica. El cultivo en la zona es el resultado de
un largo proceso de selección clonal a partir de dos
estirpes locales de Prunus Avium, de fruto rojo y fruto negro,
y de sus cruzamientos o combinaciones sucesivas.
Totalmente adaptados, los cerezos configuran una arboleda característica
compuesta por ejemplares de gran desarrollo, marcado vigor y
larga vida.
Los frutos obtenidos pertenecen en su mayoría al grupo
de las picotas o cerezas que se desprenden de forma natural
del pedúnculo en el momento de la recolección,
sin que ello suponga una merma de la calidad o reste resistencia
a las manipulaciones y a la vida útil del producto.
La coloración exterior es rojiza, más o menos
intensa, dependiendo de la variedad.
Predominan las cerezas de color rojo vinoso o púrpura,
debido al altísimo peso de las picotas en la cosecha
local y, dentro de estas últimas, la variedad reina,
ambrunés.
Las pulpas, muy firmes y crujientes, presentan color rojo
y jugo rojizo, que cambia según variedades, desde el
jugo rojo y carne roja, al jugo incoloro y carne amarilla
o crema.
Características
Al grupo de las picotas que
representa más de las tres cuartas partes de la cosecha
local, pertenecen las cerezas denominadas ambrunés, pico
negro, pico limón negro y pico colorado. Adicionalmente,
por sus destacados atributos se incluye otra variedad con pedúnculo,
conocida como navalinda.
Las cuatro variedades del grupo
picota, junto con navalinda son autóctonas, procediendo
bien del Valle del Jerte, o bien de los valíes vecinos
del Ambroz y La Vera. Prácticamente son exclusivas;
los intentos de plantación en otras latitudes han tenido
hasta ahora poco éxito, al prosperar mal cuando las
condiciones de suelos, altitud, insolación, humedad
y régimen de vientos no son apropiadas.
Condiciones
de Cultivo
La mayor parte de las explotaciones
recurren a mano de obra familiar para realizar las tareas principales,
especialmente la ardua recolección que abarca entre 12
y 1 5 semanas, habitualmente desde finales de abril a principios
de agosto.
Debido al carácter accidentado de la zona y las tortuosas
pendientes, la inversión en horas de trabajo es elevada,
especialmente en las labores de arado y abonado.
Las plantaciones están condicionadas por la estrechez
de los bancales que, normalmente, no admiten más que
una única línea de árboles. Las labores
de arado, realizadas usualmente tres veces al año,
se resuelven todavía en gran medida recurriendo al
tiro animal. Se distribuyen entre finales del verano o inicios
del otoño, final del invierno y antes de la floración.
El abonado sigue basándose también en el uso
de estiércoles y en el enterramiento de las malas hierbas,
complementándose en ocasiones con enmiendas nitrogenadas,
cálcicas o potásicas según las necesidades
del suelo.
La poda es habitualmente ligera en los árboles, limitándose
a aclareos y despuntes. A los árboles jóvenes
hay que formarlos mediante la supresión de algunas
ramas, poda y el despunte, para obligarlos a ramificar.
Las técnicas del cultivo, sujetas a tradiciones seculares,
así como los trabajos de recolección, acondicionamiento,
envasado y transporte del producto se realizan con el máximo
esmero, estableciéndose los controles necesarios para
que el producto conserve sus rasgos característicos.
La recolección se realiza a mano y fruto por fruto,
para evitar posibles daños cuando el grado de maduración
asegura cualidades gustativas características de cada
variedad y permite su llegada a los destinos en condiciones
satisfactorias.
Además de respetar los criterios de ubicación
geográfica, las Cerezas del Jerte con Denominación
de Origen, acatan normas en materia varietal y de cumplimiento
de los requisitos de calidad estipulados.