Hay ocasiones en las que la Madre Naturaleza
es generosa. En el Valle del Ambroz ha vertido sus dones por
cada rincón creando una mezcla de paisajes singulares,
abarcando altitudes desde los 400 m. hasta los 2100 m. en
menos de 40 kilómetros.
Precisamente esta geografía tan abrupta
es la que ha propiciado gran diversidad de paisajes
y ecosistemas:
La típica dehesa extremeña.
Los olivares y la vegetación de ribera, chopos, álamos,
sauces.
El bosque de castaño y roble que tanta importancia
tiene en la economía de la comarca.
La montaña, con nieve gran parte del año.
Una muestra destacada de esta biodiversidad la constituyen
los árboles singulares. Se trata de una figura creada
por la Junta de Extremadura para garantizar la protección
de determinados ejemplares de árboles que poseen características
especiales, ya sea por su tamaño, su edad. su relación
con hechos históricos etc.
En el Valle del Ambroz contamos con 3 de los
árboles singulares declarados
en Extremadura:
Castaño del Corbiche
o La Marotera, en el paraje de Los Berruecos en Casas del
Monte.
Alcornoque de La Fresneda en
la zona del Alcornocal junto a la carretera hacia Valdelamatanza,
Aldeanueva del Camino.
Castaños del Temblar,
en el arroyo del temblar en Segura de Toro.
Todos ellos monumentales y de gran edad, pero
no solo son interesantes estos ejemplares, posiblemente terminen
convirtiéndose en singulares otros como el haya de
San Andrés o el Tejo del Casino, ambos en Hervás,
el Almez de Gargantilla o el Roble del Puerto de Honduras.
Si hubiera que elegir un protagonista dentro
del paisaje natural privilegiado del Valle del Ambroz éste
sería el agua. Era el
motor de molinos, batanes y telares durante el siglo XIX y
parte del XX y sigue siendo la fuente del verdor y la frescura
en sus prados hoy en día.
Actualmente el agua
mueve otro motor: el del turismo. El estandarte turístico
es el balneario de Baños de Montemayor de origen romano,
pero además están la red de piscinas naturales
que recogen las aguas cristalinas de la vecina sierra, los
ríos y gargantas con sus "charcos", las fuentes
dentro y fuera de los municipios, las acequias para el riego
de cerezos, ciruelos, fresas, pimientos y hortalizas y el
frescor de las noches de verano.
La floración de
los frutales marca el comienzo de la primavera. Almendros
ciruelos, cerezos y toda clase de árboles adornan con
sus guirnaldas la falda de los montes. La naturaleza despierta
con una explosión de colores y olores que abruma los
sentidos. Tiernos brotes de castaño y roble se mezclan
con las hojas de chopos y fresnos y con las pequeñas
flores de los prados en los que zumban las abejas para fabricar
la famosa Miel de Hervás. Nacen las primeras fresas
de Casas del Monte, las reconocidas ciruelas claudias de Gargantilla
y las cerezas de variedad "ambronés" que
toman su nombre del Valle.
Con el otoño la naturaleza vuelve a sorprender
la mirada del visitante. Los vivos tonos ocres en todas sus
variedades pintados en las hojas de castaños, robles,
chopos y demás árboles "incendian"
de color el paisaje.
La pareja inseparable de los árboles
aparece entonces: las setas.
Como no podría ser de otra manera la variedad de ecosistemas
produce gran abundancia y variedad de especies micológicas.
Entre la avifauna existente en la comarca
destaca alguna colonia de Buitre Leonado, ejemplares de Águila
Real, Búho Real, Azores, Milanos, Grullas y aguiluchosse
encuentran en los montes de Tras la Sierra y monte bajo, al
igual que las perdices, mientras los mirlos, rabilargos y
algunas urracas se dispersan por toda las zonas verdes. El
Valle del Ambroz es zona de lince. Entre la fauna cinegética
encontraremos liebres y conejos esparcidos por la comarca
en los llanos y el monte bajo respectivamente. En las zonas
de vegetación espesa, se hallan jabalíes y ciervos.
La zorra habita a lo largo de todo el valle y se deja ver
con cierta facilidad.